Probablemente, estas siglas, que
significan Unidad de Cuidados Intensivos, no sugieran gran cosa a la mayoría de
los personas (afortunadamente); en cambio, para algunas parejas este espacio se
convierte, de manera imprevista, en un lugar donde su hijo lucha por salir
adelante las primeras semanas o meses de vida, y donde ellos van a tener que
estrenarse como padres en circunstancias muy desfavorables.
Cunas térmicas, incubadoras, respiradores, monitores, extractores de leche...
Máquinas extrañas y ruidos diversos. Y en medio de ese ambiente, nuestro bebé,
diminuto e inmaduro (y otros niños tan indefensos como él), luchando con todas
sus fuerzas por salir adelante.
Podemos ayudar a nuestros hijos!!
La doctora Heidelisle Als, profesora de psicología de la Universidad de Harvard,
lleva años investigando el impacto que puede tener sobre el bebé el hecho de
pasar del útero materno a la fría y aparatosa Unidad de Cuidados Intensivos. Los
resultados de estas investigaciones han dado como fruto un nueva manera de
atender a los bebés prematuros, el llamado «sistema individualizado de cuidados
al recién nacido». Este modelo sostiene que el bebé debe ser tratado desde el
primer día como una persona y un miembro de una familia determinada. Los
profesionales que le atienden no sólo se preocupan de cuidar los diferentes
sistemas de su cuerpo (el corazón, los pulmones, la alimentación o la vista),
sino que tienen muy en cuenta su personalidad. Se desarrolla un método de
observación precoz para conocer al bebé, y para intentar disminuir el impacto
que puede causarle el ingreso en la UCI (no hay que olvidar que su medioambiente
natural en circunstancias normales es, en primer lugar, el útero y después, los
brazos de sus padres).
Es primordial que los padres se ocupen del bebé. Cuando se les permite el libre
acceso a la UCI neonatal, y se consiente que se impliquen en el cuidado de su
hijo (tenerle en brazos, alimentarle, bañarle...) mejora la autoestima de la
madre y su habilidad como cuidadora, fortalece el vínculo entre los padres y el
hijo y aumenta la duración de la lactancia.
Por eso las UCI neonatales más modernas utilizan el llamado método canguro,
iniciado por el médico colombiano Edgar Rey a finales de los años setenta.
Consiste en que las madres y los padres tienen a su bebé en el pecho (en la
misma UCI) desde el primer día. Al calor del cuerpo de mamá o papá, arrullado
por los latidos de sus corazones, los bebés evolucionan incluso mejor que en la
incubadora. Además, al estar en contacto con mamá pueden alimentarse con leche
materna.
Si para cualquier recién nacido a término la leche materna es el mejor alimento
del mundo, en el caso de los prematuros, el beneficio aún es mayor. Maravillas
de la naturaleza, el cuerpo de la madre fabrica una leche especial para el niño
que ha nacido antes de tiempo, más rica en ciertos nutrientes esenciales que son
básicos para su desarrollo.
Otro aspecto novedoso en el cuidado de los prematuros es el tratamiento del
dolor. Muchas veces, los médicos deben realizar algunos procedimientos
(pinchazos, gasometrías, intubación respiratoria) que son dolorosos para el
niño. Ahora se sabe que hay formas de hacer que el pequeño sufra menos. Una
investigación reciente, por ejemplo, demostró el efecto analgésico de la
lactancia: los bebés a los que se les permite tomar el pecho mientras se les
pincha lloran menos y recuperan antes su ritmo cardiaco normal que los bebés que
son pinchados sin el pecho.
En algunas unidades de cuidados intensivos procuran realizar todas las
exploraciones o técnicas molestas para el bebé en un horario fijo, a ser posible
de una vez, con el fin de que el resto del día el niño pueda descansar
tranquilo. Para compensar el mal rato de esos momentos el personal sanitario
intenta incluir en la jornada otras actividades más placenteras para el bebé
(además de la lactancia), como el masaje.
También se está investigando en la
utilización de fármacos analgésicos cuando hay que recurrir a técnicas más
dolorosas.
El ambiente de silencio y tranquilidad en estas unidades también beneficia a los
prematuros. Los padres que permanecen junto a su hijo pueden asegurarse de que
al niño no le moleste la luz, ponerle en su postura favorita para dormir (casi
siempre pegados a algo), tener cuidado de que nadie haga movimientos bruscos en
el entorno, y poner junto a él algún objeto que permita diferenciarle de los
otros niños (una chaquetita, un dibujo, un poema o un muñeco de tela). Estos
detalles facilitan a los padres (y al personal sanitario) identificar al bebé, y
gustarán al niño cuando sea mayor y vea sus fotos del hospital.
¿Qué hacer durante la espera en casa?
También desde fuera del hospital se puede ayudar al niño prematuro. Es
aconsejable que los padres o los hermanos mayores lleven un diario en casa donde
vayan describiendo sus primeros días, y registren uno a uno todos los progresos
del chiquitín.
El tiempo pasa, y por muy lejano que parezca, llegará el día en que el bebé,
crezca y se convierta en un niño mayorcito deseoso de conocer los detalles de su
llegada al mundo. Y aunque resulte increíble, muchos de estos detalles se
olvidan enseguida.
Las asociaciones de padres de prematuros y los grupos de apoyo a la lactancia
locales prestan un servicio muy útil. Facilitan información sobre los trastornos
y el desarrollo del bebé y a través estos grupos se puede conocer a otros padres
dispuestos a ofrecer su experiencia y apoyo.
Un aspecto en el que las asociaciones de
padres de prematuros pueden influir es la extensión del método canguro y del
sistema de cuidados individualizados a todas las UCI de España. En este terreno,
como en todos, algunos centros llevan la iniciativa y otros van más rezagados y
aún no aplican estas prácticas.
Así, un estudio realizado en ocho países
europeos comparó las normas de las UCI de neonatos referidas a la participación
de los padres en el tratamiento de los prematuros, y los resultados fueron de lo
más dispares:
Mientras que en todas las UCI de Gran Bretaña, Luxemburgo y Suecia sin excepción
se permite el acceso libre de los padres a la unidad, en cambio, en España, sólo
un once por ciento de las unidades lo permiten.
Además, en estos países punteros se consiente que los padres se queden durante
la visita médica y se les informa sobre la evolución del niño siempre que lo
deseen. Lo peor es que, según los autores de este estudio, las diferencias no
están justificadas, porque no se basan en la evidencia científica, sino en
aspectos culturales.
En España, mientras que en algunos hospitales es absolutamente normal que los
padres practiquen el método canguro con su bebé, otros sólo permiten visitar al
niño media hora al día.
¿Qué podemos hacer entonces si nuestro hijo se encuentra en un centro donde
restringen las visitas?
Expresar a los profesionales desde el primer
momento nuestra intención de pasar el mayor tiempo posible junto a él, incluso
si la situación es de gravedad. También se puede acudir al servicio de atención
al paciente del hospital y manifestar por escrito nuestras preferencias sobre su
cuidado.
En última instancia, pueden valorar la
posibilidad emprender otro tipo de medidas, como hizo el padre de dos gemelas
prematuras ingresadas en un hospital de Cantabria. A este padre le impidieron
acceder a la sala de lactancia para dar el biberón a una de sus hijas, con el
argumento de que esa habitación sólo era para madres. El progenitor, funcionario
judicial, puso una denuncia en los tribunales reclamando su derecho a dar el
biberón a su hija, eso sí, sin olvidarse de expresar su satisfacción por las
atenciones y cuidados que el hospital brindó a sus niñas.